La niña de padres ausentes

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Durante los últimos días he estado visitando varios colegios, y en los encuentros con los niños han surgido miles de anécdotas, pero hay una especial que hizo que se me encogiera el alma.

Era ya el último turno del día y al acabar cada charla siempre dedico unos minutos para que los niños me pregunten todo lo que quieran. Aquel día una de las preguntas fue:
-¿Y tú cuándo escribes?
-Por las noches casi siempre, contesté.

Y ahí se quedó la cosa hasta que, tras finalizar la clase, una niña rubia se acercó a mi y me agarró de la pierna para llevarme a un lugar un poco más apartado de la clase:
-¿Y tú tienes hijos? -me dijo.
-Sí, una niña pequeña.
-Ah, y entonces, si escribes por la noche puedes estar con ella por el día.
-Sí -le dije sin saber muy bien a dónde iba aquella conversación.
-¡Qué suerte tiene! -me constestó intentando aguantar unas lágrimas que no llegaron a caer-, mis padres nunca están conmigo, yo siempre estoy con una cuidadora.
Me quedé en silencio, sin saber qué decirle; yo, un escritor, me acababa de quedar sin palabras.
-A mí también me gustaría estar con mis papás y que me contaran cuentos -continuó.
-¿Pero nunca estás con ellos?
-Bueno, alguna vez los fines de semana -me dijo intentando crear una sonrisa que su rostro se negaba a mostrar.

La mire a los ojos sin saber qué decirle.
Simplemente nos dijimos adiós y, mientras se iba, volvió a repetir: qué suerte tiene.

En cuanto me quedé a solas con la profesora le pregunté por aquella niña. Me dijo que sus dos padres eran médicos y siempre estaban trabajando. Sí, tenían dinero, pero nada más.

Y desde aquel día esa niña se aparece demasiadas veces en mis pensamientos: sí, seguramente será una niña a la que nunca le faltará el pan en la mesa, lo triste es que eso jamás le alimentará el alma. Seguramente esos padres, cuando pase el tiempo y se den cuenta de que su niña ya no está en casa, que ha desaparecido, que de pronto se ha hecho mayor… será entonces cuando buscarán, desesperados, entre los rincones de la casa una infancia que se ha ido. Quizás ese día se den cuenta de que a pesar de todo el dinero son terriblemente pobres.

No sé si esos padres leerán algún día este artículo, no sé si esa niña leerá algún día esta carta, pero lo que más me gustaría es que lo leyeran juntos.

Fuente: http://www.blog.eloymoreno.com/

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