El ‘baby boom’ de la inseminación casera: compras semen por internet y te auto-inseminas!!

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El mayor supermercado de semen virtual del mundo es danés. La oferta es enorme y el precio variado. Desde los 40 euros hasta los 1.000. La Sociedad Española de Fertilidad avisa de que estos bancos de semen «atentan» contra la salud.

2016-01-04

La semilla que esperaba le llegó muy fría a casa. En un cofre que el mensajero de UPS le entregó en mano, a orillas del Mediterráneo.

-Era la joya que yo estaba esperando.

Esther respiró aliviada.

Los días de ovulación estaban al caer y ella, con 26 años y deseosa de ser madre, temía que el pedido de sus sueños no llegase a tiempo. Venía en forma de perlasde semen enfriado en el interior de dos pajuelas. Lo agarró, casi abrazándolo contra su pecho, y con la ilusión de poder estrenar pronto el “mejor regalo” de Navidad, guardó intacto el paquete blanco.

-¿Lo ha hecho ya?

-Sí, estoy bien, descansando estos días.

-¿Resultó difícil?

-Qué va, fue sencillo, unos 15 minutos.

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Ocurrió este lunes 28, día de los santos inocentes. Esther se encontraba ovulando ya a pleno rendimiento, mientras en los canales de televisión no paraban de anunciar galas y bromas propias de la jornada. Esther ni se enteró. Su cabeza y corazón estaban en aquel cofre hermético que cuatro días antes había guardado. Descongeló durante 20 minutos el semen que contenía a 195 grados bajo cero y, valiéndose de una jeringuilla especial que acompañaba al kit de reproducción, lentamente fue depositando el esperma elegido al final de su joven vagina. “Fue una mezcla de paz y alegría, algo extraño, bonito”, recuerda la veinteañera. “Y ahora toca esperar a que los Reyes Magos me traigan lo que tanto deseo”. Una niña. Una hija elegida por internet.

Esther no es la única. También Elena, Soraya, Lu, Carmen… Cada vez son más las españolas que prefieren quedarse embarazadas online, sin moverse de su domicilio, a golpe de clic. Es la inseminación casera. Ven, seleccionan y compran todo lo necesario por la Red. Y después ellas mismas se fecundan en la intimidad de su habitación. A Esther le ha salido todo por 600 euros, transporte incluido, menos de la mitad de lo que cuesta el proceso en una clínica. Lo mismo que pagó Elena, soltera y ejecutiva, quien optó por inseminarse ella sola en su piso, y hoy luce con orgullo una preciosa barriga de siete meses. “Me autoinseminé y ese mismo día por la tarde me fui a trabajar”, dice con toda naturalidad.

Más de 400 donantes

La cigüeña que convierte en madres a las españolas viene de Dinamarca y se llama Cryos. Es el mayor banco de esperma del mundo. Y sus semillas, seleccionadas en laboratorio, no sólo proceden de genes vikingos. Más de 400 donantes de todo el planeta nutren este gran depósito. Vende en 70 países, incluidos los centros de reproducción asistida. Gracias al semen a domicilio han nacido en España entre 500 y 1.500 niños (45.000 en todo el mundo por igual método), estima Cryos International. Un boom.

La de Elena, 34 años y sin pareja, no fue decisión de un día ni por escasez de dinero. Goza de un buen sueldo de directiva en una multinacional afincada en España, habla tres idiomas y su proyecto de vida pasa por tener un hijo. Lo llevaba meditando desde hace tres años. Visitó varias clínicas y de todas salió descontenta. «Me decían que lo mejor, por mi edad, era que me hiciera una fecundación in vitro. Un pastón, vamos. Nada de inseminarme, que es lo más sencillo y lo que yo quería para empezar. Y si fallaba ya tendría tiempo de hormonarme y recurrir a la fecundación asistida». Los precios no la convencían. “Me salía cada inseminación por entre 1.300 y 1.800 euros, como mínimo, y ni siquiera me daban información sobre el donante de semen”, cuenta la primeriza Elena.

Todo empezó a cambiar definitivamente cuando le explicaron el tratamiento. «Me pareció sencillísimo, no entendía por qué cobraban tanto». Supo entonces por una amiga que lo que ella buscaba quizás lo encontraría en internet. Le hablaba de Cryos. “Entré en su web, consulté foros de mujeres que se habían autoinseminado en casa y me pareció todo muy normal, era lo que yo buscaba”, cuenta Elena. Podría ser la escena de Si las paredes hablasen, historia premonitoria llevada al cine en el año 2000, donde Sharon Stone se embaraza en la intimidad de su hogar con semen comprado en un banco de esperma. Siguió los pasos recomendados y se quedó embarazada a la primera. A Elena le funcionó bien y en febrero parirá una niña.

El método no gusta a los especialistas de la reproducción. “El banco de semen alega que no está haciendo nada ilegal, pero lo es”, interviene la doctora Rocío Núñez, que coordina el Grupo de Ética de la Sociedad Española de fertilidad (SEF). “La ley [se refiere a la de Reproducción Asistida de 1986] dice, entre otras cosas, que son los centros especializados los encargados de elegir el donante. Y no sólo eso. También insiste en que se trata de una práctica arriesgada… Una mujer no debería hacerse una inseminación en casa, corre un peligro. No se aplica en una clínica autorizada con los estándares de calidad y seguridad que exige la normativa. Por ejemplo, que contraiga una infección o que manipule incorrectamente el nitrógeno líquido, el que aporta el frío necesario para que el esperma se conserve en las condiciones sanitarias óptimas”.

Corren nuevos tiempos y la polémica, lejos de enfriarse, no parece haber cortado el interés de las españolas por quedarse embarazadas mediante esta nueva práctica. El esperma que utilizan es el mismo que compran los centros de fertilidad.

Charlotte Eckstein es la delegada de Cryos en España: “Las acusaciones de que la inseminación casera está prohibida en España, que nuestra web es ilegal y que el método es peligroso, no son correctas. Éste es un método que la mujer elige poner en práctica en su casa, y lo que una persona haga en su hogar no está cubierto por esta ley”. “Las mujeres con problemas de fertilidad por supuesto que deben acudir a una clínica. Pero muchas de las que quieren ser madres están sanas y son jóvenes. Y eligen acudir a un banco de semen como el nuestro donde, como en la vida misma, pueden elegir al donante/hombre que consideran más apto para inseminarse, y realizar el proceso en su casa”. “En Dinamarca, por ejemplo, la inseminación casera no es nada del otro mundo”.

Antes de tomar la decisión por su cuenta, Esther pasó por tres clínicas especializadas de la zona del Levante. Ninguna la convenció. Lo único que tenía claro era -«cuanto más pronto»- ser madre. Y tras consultar con su ginecóloga -«me dijo que adelante»-, Esther hizo el primer pedido por internet al banco de esperma danés. Tardó apenas 24 horas en llegar a su puerta. La muchacha se quedó embarazada. Ni se le pasaba por la cabeza entonces que aquel fructífero intento pudiera terminar en fracaso. Ocurrió.

Mala suerte. Tras el aborto repentino, la joven entró en un bucle de tristeza. “Fue una experiencia demasiado dura para mí, todo había ido tan bien…”. De esto hace dos meses. “La doctora al verme me dijo que cuanto antes volviera a intentarlo, que eso pasa a menudo incluso cuando se recurre a otras técnicas que realizan los médicos”. Y así fue como Esther volvió sobre sus pasos. Espera rebasar el nuevo año tirando del cochecito que ha comprado. “Nadie de mi familia lo supo antes ni sabe ahora que me he inseminado yo misma en mi casa”, deja claro con el propósito de preservar su intimidad. Tampoco los familiares y allegados de Nazaret, su pareja, tres años más joven, lo saben. Llevan ocho años viviendo juntas.

-Las dos queremos ser madres, lo hemos hablado mucho hace ya tiempo, lo necesitamos -tercia Nazaret.

Las dos han elegido, a la carta, los rasgos anatómicos que querrían para su futura criatura: pelo castaño [“como el de Naza”] y grupo sanguíneo compatible con el de Esther. “Ni la estatura ni el color de los ojos ni otras cosas en las que suele fijarse la gente nos importan”.

Antes de que devuelvan a Dinamarca el cofre con el instrumental y el bidón donde venía el esperma congelado, la pareja nos permite fotografiar el kit completo. Incluye dos pajuelas de material plástico, una jeringuilla con adaptador para aspirar el semen y una toallita impregnada con alcohol. El resto consiste en seguir al pie de la letra unas sencillas instrucciones. La autoinseminación, según explica Cryos en su página, puede llevarse a cabo entre 24 y 36 horas después de que el test de ovulación haya dado positivo. Y recomiendan usar el par de pajuelas.

“Yo me puse una almohada ahí debajo que me levantaba las caderas, así sería más fácil”, recuerda Elena de la experiencia, hace siete meses, en su casa. Había cumplido los 34, había roto con su novio y en su ánimo no estaba la búsqueda de una nueva pareja. “Ahora o nunca, me dije”. No le faltaron ofrecimientos.

-Algunos amigos, incluso casados, se prestaron a darme un botecito con su esperma. Pero…

-¿Le puso alguna pega su ginecólogo a que usted se autoinseminara?
-Ninguna. Cuando me quedé embarazada y fui a la consulta, lo único que me dijo fue: “Increíble, me alegro mucho”. Lo lleva con discreción. «Sólo mis padres y mi ex novio lo saben», dice. Prefiere no dar la cara en una foto pero sí hacerle un selfie a su abultado vientre.
-¿En qué se fijó a la hora de seleccionar el semen?
-Elegí el apartado de perfil anónimo, no me interesa conocer físicamente al donante. Me fijé más en qué se decía de su cultura, si había estudiado alguna carrera, si sabía idiomas…
-¿Ni siquiera una idea aproximada de qué rasgos físicos quería para su hijo o hija?
-Bueno, sí, deseaba que en ciertas cosas se pareciera lo más posible a mí.
-¿Por ejemplo?
-Hombre, sí, que fuera morena como yo, y de una estatura parecida a la mía. Yo mido 1,73 metros… Son detalles que gustan, pero tampoco hay que pasarse con eso de las afinidades físicas.
-¿Repetirá la experiencia?
-Ufff. Estoy feliz de haberlo hecho, y por primera vez en mi vida voy a ser madre. Con una niña que sacar adelante tengo bastante… Y si le doy un hermanito, me lo haría otra vez en casa.
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